29 de marzo de 2010
Salto.
Hoy quise saltar a la vida, y me encontré con que la realidad era un tanto mas dura de lo que imaginé. Cai de muy alto de la nube, de cabeza, senti como mis huesos se estremecian y mi piel se rasgaba... en un segundo que parecio toda una vida, un morir y volver a nacer mil veces, para volver a morir. Traté de levantar mi cuerpo despojado de la dignidad de lo humano, con la piel marcada de decadencia, los huesos rotos de conciencia y pensamiento. Tenía un derrame de sentimientos en el ojo izquierdo, una pus virulenta que picaba y ardía profusamente. Me arrastré, traté de gritar, pero nadie me oyó. Pasó de largo una chica con audifonos, sorda y aislada. Un obrero se rió de mi patético estado. Un intelectual analizó la situación, me miró largamente mientras murmuraba palabrerías incomprensibles y marchose mesandose la barba mientras comentaba lo profunda y crítica que le parecía esta puesta en escena, un tanto naif, un tanto nihilista, si es que tal combinación es posible. En el expresionismo todo vale. El sacerdote me dijo que debía levantarme y superar mis trabas, que Dios me ayudaría, y me tiró un panfleto, mientras los empleados de la municipalidad me prometían que harían algún proyecto de ley para evitar que esto se repitiera. Al final, me levanté solo, como un herido de guerra, y me tiré a un lado de la vereda, para que el transito continuara tranquilo y la gente dejara de tocar sus bocinas. Ahora estoy lisiado, herido de realidad, enfermo de verdad. No se cuanto me demore en recuperarme, pero prometo no volver a bajar de la nube, lo juro.
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